lunes, 14 de marzo de 2011

CUANDO COMENZO A EXPONER SUS LIBROS

En 1916, comenzó a hablar en público y a frecuentar círculos literarios cuando su nombre trascendió con la aparición de "La Inquietud del Rosal", libro que inició su ciclo poético. Sus principales obras poéticas son: "El dulce daño", "Irremediablemente", "Languidez", "Ocre", "Poemas de Amor", "El amo del mundo", "Dos farsas  pirotécnicas", "Mundo de siete pozos", "Mascarilla y trébol".Colaboró con las principales revistas, como "Nosotros", y en diarios de Buenos Aires, como "Crítica" y "La Nación", donde usó el seudónimo Tao-Lao.


Con su libro Su libro Languidez, de 1920, mereció el Primer Premio Municipal de Poesía y el Segundo Premio Nacional de Literatura. La publicación de su libro " Ocre " en 1925 marca un cambio decisivo en su poesía. Desde hace dos años es profesora de Lectura y declamación en la Escuela Normal de Lenguas Vivas, y su postura como escritora está absolutamente afianzada entre el público y sus iguales.


Conoce a la escritora Chilena Gabriela Mistral, y esta se queda impresionada con Alfonsina Storni sobretodo por su sencillez, por su sobriedad, por su escasa manifestación de emotividad, por su profundidad sin trascendentalismos. Y sobretodo por su información, propia de una mujer de gran ciudad.


Alfonsina intervino en la creación de la Sociedad Argentina de Escritores y su participación en el gremialismo literario fue intensa. En 1928 viajó a España en compañía de la actriz Blanca de la Vega, y repitió su viaje en 1931, en compañía de su hijo. Allí conoció a otras mujeres escritoras, y la poeta Concha Méndez le dedica algunos poemas. En 1932, publicó sus Dos farsas pirotécnicas: Cimbelina y Polixene y la cocinerita. Está tranquila, colabora en el diario Crítica y en La Nación.


En 1931, el Intendente Municipal nombró a Alfonsina jurado y es la primera vez que ese nombramiento recae en una mujer. Alfonsina se alegra de que comiencen a ser reconocidas las virtudes que la mujer, esforzadamente, demuestra. «La civilización borra cada vez más las diferencias de sexo, porque levanta a hombre y mujer a seres pensantes y mezcla en aquel ápice lo que parecieran características propias de cada sexo y que no eran más que estados de insuficiencia mental.

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